María


María la madre de Jesús

María (en arameo, מרים, 'Mariam') es el nombre que se usa en los evangelios para referirse a la madre de Jesús. En el islam se usa el nombre árabe Maryam. La tradición nombra a Joaquín y Ana como sus padres.

Con los textos mal traducidos, originales incompletos, textos manipulados, se hace innecesario en este momento agregar más confusión. Toda versión nueva que se exprese sin testigos de la época, sean documentos vivos o muertos, siempre será cuestionable por alguno.

El peso de la historia impuesto tras siglos de supremacía de un grupo de poder con dogmas y quema de personas, todavía hace difícil un nuevo aire en el conocimiento en estos temas.

Esperamos que pronto con la llegada de los nuevos tiempos anunciados por el propio Maestro Jesús se llene de sabiduría toda la humanidad y sea develada toda la historia tal cual fue.

Una cosa sí hay que tener en claro, María nació, y fue criada en la tradición de la religiosidad judía. Ella era conocedora de las enseñanzas acerca de Dios que manifestaron los profetas y de la historia de su pueblo. Es también, en esa misma tradición y cultura, que ella crió a su familia.

La vida de María es casi inseparable de la de su hijo Jesús. María junto con otras muchas mujeres siempre estuvieron cercanas a Jesús y él las honraba y trabajaba junto con ellas.


Una grave distorsión
Las iglesias muestran siempre una imagen de María con el rostro amargado, lloroso, demacrado, lleno de dolor, pretendiendo que esa es la verdad que mostraba en su vida. Ella no fue eso, María siempre sostuvo en su vida el concepto divino que su hijo Jesús, Joshua en arameo, triunfaría sobre cualquier tiniebla y sombra de muerte.

María estaba preparada para todo evento en su vida y en la vida de Jesús y de su familia. Ella sabía lo que ocurriría y siempre estuvo feliz de su participación en los hechos vividos. No podría ser de otra manera.

Pintar a la Madre María con esas caras de muerte, es la ofensa mayor a su entrega, a su ejemplo de vida. Algo tan errado como la adoración de la cruz, sabiendo que Jesús Resucitó; lo sabio aquí sería celebrar su Victoria de siglos sobre la muerte y no las tres horas de calvario que, al final, pasaron.
María siempre es paz y alegría, confianza plena.

Todo lo enseñado con error ha sido utilizado para crear culpa, miedos, falsas enseñanzas, manipulación de los creyentes, abuso de la fe de todas las personas del mundo. Hoy ya es tiempo de despertar y comenzar a entender mejor lo que está escrito entre líneas en todos los escritos cercanos de esa época.
 

Ahora, de María sólo nos quedaremos con tres ideas fundamentales de su evangelio, de la buena nueva que anunció con cada paso en su vida.


Las madres y los hijos
María pide a las madres soltar a sus hijos. Ellos son seres independientes que vienen a vivir su propia vida y no se les puede estar manejando o manipulando todo el tiempo, ellos prontamente deben iniciar el camino de hacerse dueños, responsables, de sus propios caminos y experiencias. La madre siempre será la mamá, y estará allí para sus hijos toda la vida, pero ambos deben crecer, los hijos atreverse a vivir y las madres propiciando que así sea. Cada ser viene a experimentar la vida con sus propios pensamientos y sentimientos.


En que fijar tu atención

La Magnificación fue enseñada por María a Jesús, cuando le dijo: "Tu alma tiene el poder de Magnificar todo aquello que decidas aceptar como real". Nos enseña a buscar el bien, a fijar nuestra conciencia en lo bondadoso y a despegarnos de las bajas vibraciones, ya sean, penas, rabias, orgullo, o cualquier emoción que te dañe y te aleje de la paz, de tu estar bien.

Hay que Magnificar solamente a Dios, en vez de magnificar las apariencias negativas, las ilusiones. Este principio ayuda a pasar todas las experiencias que se tengan que atravesar.

Se puede Magnificar el Bien como el mal. Se puede Magnificar las sombras o angustias del mundo de las apariencias, o el Poder de Dios. La Madre María y los Seres de Luz viven Magnificando el Bien en los seres humanos, mientras la conciencia externa y, limitada de las personas magnifican las apariencias.



Sostener con certeza lo que realmente quieres
María sostuvo el Concepto Divino de ver a Jesús Resucitado y sostuvo ese Concepto Inmaculado en Su conciencia durante toda la crucifixión.

Mientras estaba parada allí en ese momento y veía la codicia en la conciencia de aquellos que disfrutaban la tortura y la traición, María decidió con cada fibra de Su Ser, sostener el Concepto Inmaculado del Cristo Resucitado, tal como hacía con José en el portal de la casa, visualizando la inocente forma de Jesús creciendo hacia la maestría.

María mantenía su mente ocupada con las cosas constructivas que habían constituido el plan para sus vidas. Esto la ayudaba a borrar las apariencias ante ella. Recordaba el viaje a Egipto, las noches huyendo de los soldados de Herodes, el largo camino, la tierra extraña en oriente a la que habían llegado y donde permanecieron un tiempo; y la entrada de Jesús al Templo, y el viaje de vuelta unos años después.

Con su vida la Madre María nos enseña que debemos sostener lo que queremos hasta el final de nuestros días, y no soltar ese propósito antes de lograrlo o cuando ya se ha conseguido. Siempre debemos sostener el concepto inmaculado, puro, sin dudas.


María es una Maestra de vida
Como todos los Maestros está enviando su radiación de Amor Incondicional a todos los hijos e hijas que están viviendo su propia experiencia en este planeta.

La Madre María presta su servicio a la humanidad desde el Cuarto Rayo, la Luz Blanca, te bendice con la Pureza,  y te da fuerzas para que logres la Revelación de la Presencia Yo Soy, la Ascensión y la Resurrección.


 

Invocación a la MADRE MARIA
para alcanzar la revelación y pureza en tu vida

 
Amada Presencia YO SOY
llena mi alma de alegría
dame tu Luz, dame tu amparo.
 
Que se purifique mi cuerpo,
libera mi mente del error,
dame tu paz, sana mi corazón.
 
María, madre de Jesús
a todos iluminas la vida,
grande y preciosa es tu guía.
 
Mantienes tu confianza
conoces nuestra Victoria,
poderosa es la Presencia de Dios.

 
 Amén