CARTA DE SANTIAGO

CARTA DE SANTIAGO



A pesar de su presentación en forma epistolar, la CARTA DE SANTIAGO es un discurso que contiene una síntesis de las Enseñanzas de todos los tiempos, hasta Jesucristo. Estas exhortaciones, destinadas a servir de guía para la vida cristiana, están dirigidas a las comunidades judeocristianas diseminadas fuera de Palestina. El autor de esta Carta es Santiago, el hermano mayor del Maestro Jesús, quien presidía la comunidad de Jerusalén y aquí relata, como testigo, lo que recibió como Enseñanza.

Santiago insiste, sobre todo, en la necesidad de probar la autenticidad de la fe por medio de las "obras", haciendo fructificar "la Palabra sembrada" en el corazón de los creyentes (1. 21). "De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras" (2. 26).
"La Ley por excelencia" consiste en el amor al prójimo (2. 8). Por eso, con una vehemencia que recuerda a los grandes profetas, Santiago denuncia abiertamente las desigualdades y las injusticias sociales (5. 1-6). 
Su juicio no es menos severo cuando censura a las asambleas cristianas en las que se concede un lugar de privilegio a los ricos y se relega a los pobres. A fin de combatir estas discriminaciones y privilegios, él se hace eco de la enseñanza de Jesús, acompañando a los que buscan justicia para que libres de toda manipulación ayuden en la construcción de una convivencia mejor.

Saludo inicial
Santiago, servidor de Dios y de Jesús el Cristo, saluda a las doce tribus de la Dispersión.
La actitud frente a las pruebas
Hermanos, cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sepan que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.
Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio. Pero pidan con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento. El que es así no espere recibir nada de Dios, ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder.
Resistan a las ilusiones, porque pasará como una flor del campo: apenas sale el sol y calienta con fuerza, la hierba se seca, su flor se marchita y desaparece su hermosura. Lo mismo sucederá con el rico en sus empresas.

La tentación
Nadie, al ser tentado, abandone la prueba: porque que cada uno es tentado por sus malos deseos, que lo atraen y lo seducen. De ellos nace el pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte.
Dios, fuente de todo bien
No se engañen, queridos hermanos. Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. Él ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que elevemos con actos nuestra creación.
Necesidad de practicar la Palabra de Dios
Tengan bien presente, hermanas y hermanos muy queridos, que debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos. La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios. Dejen de lado, entonces, toda impureza y todo resto de maldad, y reciban la Enseñanza y no se contenten sólo con oírla, para que no se engañen a ustedes mismos. Pongan en práctica la Palabra sembrada en ustedes, quien no la práctica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, el mandamiento de amor a sí mismo y a los demás, se hace libre y será feliz al practicarla. 
La verdadera religiosidad
Si alguien cree que es un hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía. La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en el servicio a los que están necesitados, y en no contaminarse con el mundo. Dios habita en cada uno.
Contra la acepción de personas
Hermanos, ustedes que creen en Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas. Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: "Siéntate aquí, en el lugar de honor", y al pobre le dicen: "Quédate allí, de pie", o bien: "Siéntate a mis pies", ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?
La dignidad de los pobres
Escuchen, hermanos muy queridos: ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes? ¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?
El cumplimiento de la Ley
Por tanto, si ustedes cumplen la Ley por excelencia que está en la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, proceden bien. Aunque uno cumpla toda la Ley, si peca contra un solo precepto, quebranta toda la Ley. Hablen y actúen como quienes deben ser juzgados por una Ley que nos hace libres. Porque el que no tiene misericordia será juzgado sin misericordia, así la misericordia triunfa sobre el juicio.
La fe y las obras
¿De qué le sirve a uno, hermanas y hermanos míos, decir que tienen fe, si no tienen obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: "Vayan en paz, caliéntense y coman", y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.
Sin embargo, alguien puede objetar: "Uno tiene la fe y otro, las obras". A ese habría que responderle: "Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe". ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan.
El hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras. No basta decir, ¡Maestro, Maestro, o Dios mío, Dios mío! De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras.
Los pecados de la lengua
Hermanos, que no haya muchos entre ustedes que pretendan ser maestros, sabiendo que los que enseñamos seremos juzgados más severamente, porque todos faltamos de muchas maneras.
Si alguien no falta con palabras es un hombre perfecto, porque es capaz de dominar toda su persona. Cuando ponemos un freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, dominamos todo su cuerpo. De la misma manera, la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, puede jactarse de hacer grandes cosas. Animales salvajes y pájaros, reptiles y peces de toda clase, han sido y son dominados por el hombre. Por el contrario, nadie puede dominar la lengua, que es un flagelo siempre activo y que rápido se llena de veneno mortal. Con ella bendecimos a Dios, nuestro Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios. De la misma boca salen la bendición y la maldición. Pero no debe ser así, hermanos. ¿Acaso, hermanos, una higuera puede producir aceitunas, o higos?.
Que tu corazón este en paz y lleno de amor, para que tu boca cree cosas buenas.
La verdadera y la falsa sabiduría
El que se tenga por sabio y prudente, demuestre con su buena conducta que sus actos tienen la sencillez propia de la sabiduría. Pero si ustedes están dominados por la rivalidad y por el espíritu de discordia, no se vanaglorien ni falten a la verdad. Semejante sabiduría no desciende de lo alto sino que es terrena, sensual y oscura. Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo noble y puro del Dios que está en ti es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia, se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.
Exhortación a eliminar las discordias
¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten entre ustedes? Todos ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden, o porque no saben pedir. O bien, piden y no reciben, porque su único fin es satisfacer su egoísmo.
¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? No se puede servir a dos señores. Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Resistan al demonio, y él se alejará de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido. Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Sean humildes delante de Dios, cambien, y él los bendecirá.
Los juicios contra el prójimo
Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla en contra de un hermano lo condena, o habla en contra de la Ley y la condena. Ahora bien, no hay más que un solo legislador y juez, aquel que tiene el poder de salvar o de condenar. ¿Quién eres tú para condenar al prójimo?
La inseguridad del mañana
Y ustedes, los que ahora dicen: "Hoy o mañana iremos a tal ciudad y nos quedaremos allí todo el año, haremos negocio y ganaremos dinero", ¿saben acaso qué les pasará mañana? Porque su vida es como el humo, que aparece un momento y luego se disipa. Digan más bien: "Hoy viviremos y haremos esto o aquello, con la ayuda de Dios". Ustedes, en cambio, se glorían presuntuosamente, y esa jactancia es mala. El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete un error mortal.
Advertencia a los ricos
Ustedes, los ricos, sepan que sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han llenado de moho, y ese óxido dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron para ustedes está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Dios del Universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.
Exhortación a la constancia
Tengan paciencia, hermanos. Miren cómo el sembrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardando pacientemente hasta que caigan las lluvias del otoño y de la primavera. Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Yo Soy. Porque nosotros llamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Ustedes oyeron hablar de la paciencia de Job, y saben lo que hizo Dios con él, porque Dios es compasivo y misericordioso.
El juramento
Pero ante todo, hermanos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna manera: que cuando digan "sí", sea sí; y cuando digan "no", sea no, para no ser condenados.
La eficacia de la oración
Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo, que llame a sus amigos, para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre de Dios. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, Dios lo aliviará, y sanará. Reconozcan su maldad y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa. Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después volvió a orar; entonces el cielo dio la lluvia, y la tierra produjo frutos.
La corrección fraterna
Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un hombre de su mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá su propia salvación.
Háganse el bien.



Pongan en práctica la Enseñanza

 
 
Dios está en cada uno de ustedes. 
 
 


El Camino Medio

El Camino Medio
 
1. Para el que quiere alcanzar la Iluminación, hay dos extremos que tienen que ser evitados. Uno es dejarse arrastrar por los deseos del cuerpo. El segundo es la vida ascética que tortura el alma y el cuerpo sin razón. El camino noble está entre estas dos vidas extremas; abre los ojos del alma a la verdad, da Sabiduría y conduce a la Iluminación.
 
¿Cómo es esta vida del Camino Medio? Visión correcta, Aspiraciones correctas, Palabras correctas, Conducta correcta, Esfuerzo correcto, Conciencia correcta, Concentración correcta. Son estos los ocho caminos.
 
Como ya se ha explicado, todas las cosas aparecen y desaparecen debido a las circunstancias y a las causas. El ignorante juzga la vida según el principio de la existencia y la no-existencia de la vida, sin embargo el hombre sabio está por encima de estas ideas. Este es el mirar del Camino Medio o la Visión correcta.
 
2. Supongamos que un tronco de árbol viene arrastrado por la corriente. Si ese tronco no se acerca a ninguna de las orillas y se mantiene en medio de la corriente, no se hunde ni sube a tierra, no es cogido por el hombre ni es cogido por un remolino, ni tampoco se pudre dentro de las aguas, con seguridad este tronco llegará al final hasta el océano. Como en esta parábola el que sigue el Camino Medio abandona el cuerpo a la corriente estando por encima de la idea de lo interno y lo externo, de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, y por encima de la idea de la Iluminación y de la inquietud.
 
Lo más importante para el que busca el camino de la Iluminación es seguir este Camino Medio, sin inclinarse a ninguno de los extremos.
 
Hay que estar libre de todas las cosas, sin pensar en que uno está haciendo el bien, y sin sentir apego por las cosas al saber que nada nace ni muere, y que todo pasa como un sueño.
 
Estar libre es no asir, no adherirse. El que busca el camino no teme a la muerte ni tampoco desea la vida. No va en pos de ninguna forma de las cosas.
 
Cuando el hombre siente apego, enseguida comienza una vida de incertidumbre. El que sigue la senda de la Iluminación no debe tomar, permanecer, ni apegarse a las cosas.
 
3. La Iluminación en sí tampoco tiene esencia, por eso, en realidad, no existe.
 
La Iluminación existe porque existe la ilusión y la ignorancia. Si desaparece la ignorancia también desaparecerá la Iluminación. No existe la Iluminación sin lo ilusorio y no existe lo ilusorio sin la Iluminación.
 
La existencia misma de la Iluminación viene a ser un obstáculo. Se alumbra porque existe la oscuridad; si la oscuridad dejara de existir tampoco habría alumbramiento. Dejan de existir juntamente lo que alumbra y lo que es alumbrado.
 
El que en verdad busca la Iluminación, una vez iluminado, no permanece en ese estado, puesto que la existencia de la Iluminación significa todavía la existencia de la ignorancia.
 
Al alcanzar este estado, todo es Iluminación aun en medio de los obstáculos. La oscuridad es a su vez luz. Hay que alcanzar tal estado de Iluminación que hasta las pasiones mundanas sean en sí Iluminación.
 
4. “Sunyata” es la no-existencia de las diferencias, la igualdad de las cosas. Esto es porque todas las cosas en sí no tienen esencia, y como ya se ha explicado, no tienen forma real, no nacen ni mueren; es algo que no puede ser explicado con palabras. Por eso se le llama “Sunyata” que significa “el vacío que lo llena todo”.
 
Todas las cosas existen y dejan de existir por una serie de causas y condiciones. Por ello, nada existe completamente solo, todo tiene su ser en relación con alguna otra cosa.
 
Es como la relación de la luz y la sombra, el largo y el corto, el blanco y negro. La esencia de algo no puede existir por sí sola, y porque no puede existir por sí sola no tiene sustancia propia.
 
Por lo mismo, no existe la ignorancia sin la Iluminación y la Iluminación sin la ignorancia. Puesto que estos dos conceptos no son diferentes en su naturaleza, tampoco puede existir una dualidad.
 
5. Los hombres piensan en la aparición y en la desaparición de las cosas, pero ya que no existe el nacimiento tampoco existe la muerte.
 
Al lograr ver la realidad del mundo, despiertan en la única verdad que no existe la vida ni la muerte para las cosas.
 
Porque los hombres piensan que existe el “yo” sienten apego a lo “mío”, pero no puede haber nada “mío" ya que no existe en realidad el “yo”. Al conocer la no existencia del “yo” y lo “mío”, se llega a realizar la verdad de la no-dualidad.
 
Los hombres hacen la distinción de lo puro y lo impuro, sin embargo la naturaleza de las cosas no es pura ni impura. Ambos son productos de la mente del hombre.
 
Los hombres piensan que el bien y el mal son en sí diferentes y hacen una distinción entre ellos. Sin embargo la verdad es que no existen ni el bien ni el mal. El que ha entrado en el camino de la Iluminación sabe que no existe la distinción y ha despertado en esta única verdad.
 
Los hombres temen la desgracia y desean la felicidad. Pero al observar con los ojos de la Sabiduría, se dan cuenta que el mismo estado de desgracia misma es felicidad, y al saber que no existe la ignorancia que priva la libertad de alma y cuerpo, y que tampoco existe la verdadera libertad, llega el hombre a alcanzar la única verdad.
 
Por ello, no es que exista la contraposición entre la existencia y la no-existencia, entre la ignorancia y la Iluminación, entre la realidad y la no realidad. No es posible decir, demostrar, ni distinguir su verdadera forma. Es menester librarse de las palabras y de los pensamientos humanos y cuando el hombre llegue a ese estado podrá por fin despertar en la verdadera Sunyata.
 
6. Así como la flor de loto no florece en las altas montañas de aires puros, sino más bien en el sucio lodo, la Iluminación no existe sin la ignorancia. Esta ignorancia misma viene a ser la semilla de la Iluminación.
 
Como no se consiguen tesoros incalculables sin sumergirse hasta el fondo del mar, así quien no se sumerge en el mar de la ignorancia no alcanzará la joya de la Iluminación. Sólo después de haberse sentido perdido en las quebradas de las montañas de los egoísmos, el hombre podrá desear de ir en búsqueda del camino que lo llevará a la Iluminación.
 
 
Según la leyenda, un anacoreta tenía un deseo tan grande de encontrar el verdadero camino que subió a un monte cubierto de espadas y se tiró al fuego. Antes de convertirse el mismo en llama, sintió una frescura dentro de sí. Puesto que la ignorancia es a su vez Iluminación, en la montaña cubierta de espadas de orgullo y avaricia y aun en el gran fuego del odio sopla el viento fresco de la Iluminación.
 
7. La Enseñanza de Buda consiste en estar libre de dos cosas contrapuestas y conseguir la no-dualidad. Por ello quien elige uno de los dos extremos y se apega a él, aun siendo esto el bien o lo correcto, comete un error.
 
Quien siente apego por el “yo” se equivoca y nunca podrá librarse de los sufrimientos. Sin embargo, considerar que no existe el “yo” es también erróneo, y no será de ninguna utilidad la práctica del camino de la verdad. Por lo mismo, también son ideas erróneas pensar que todas las cosas son mutables, así como lo es pensar que no lo son. También es erróneo decir que todo es sufrimiento, como lo es el decir que todo es placer. La Enseñanza de Buda es el Camino Medio que trasciende y unifica estos dos extremos.
 
 
Dijo Jesús:
Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré: "Padre, líbrame de esta hora"? ¡Si para eso he llegado a esta hora!
Juan 12.27
 
Tomás le dijo: "Maestro, ¿Cómo vamos a conocer el Camino?".
Jesús le respondió: "Yo Soy, es el Camino, la Verdad y la Vida. Si ustedes se conocen, conocerán también al Padre.
Juan 14.5-7
 
Yo Soy, es el Alfa y la Omega, dice Dios, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.
Apocalipsis 1.8
 
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Isaías 55. 10-11
 
 

La Naturaleza del Hombre

II
La Naturaleza del Hombre

1. Es muy difícil la naturaleza del hombre. Es como la maleza que no descubre ni siquiera la entrada. A comparación de esto, la naturaleza de los animales es mucho más tangible. Se clasifican en cuatro grupos a los hombres según sus características principales.

Primeramente, el que se martiriza a sí mismo. Este recibe una enseñanza errónea y practica la austeridad.
Segundo, el que hace sufrir al prójimo, mata a los seres vivientes, roba, comete crueldades.
Tercero, el que sufre y hace sufrir a los demás.
El cuarto, es el que no sufre ni tampoco hace sufrir; vive en completa paz porque ha alejado de si todos los deseos; sigue las Enseñanzas de Buda y por eso no mata ni roba; es el que actúa con pureza de alma.

2. También hay una clasificación que divide a los hombres en tres grupos: hombres que son como letras escritas en roca, hombres que son como letras escritas en la arena, y hombres que son como letras escritas en el agua. Los del primer grupo se enfadan con facilidad y su ira perdura por largo tiempo, como las letras escritas en una roca.

Los del segundo grupo se enfadan con facilidad pero, como letras escritas en la arena, la ira se borra con rapidez. Los del tercer grupo, como cuando se escriben letras en el agua que corre y no deja forma, aunque escuchen palabras desagradables no dejan huellas en el corazón y su alma está siempre pura y tranquila.

También hay otra clase de hombres. Primero, los que tienen un carácter fácil de descifrar; son orgullosos, poco conscientes de lo que hacen y no tienen tranquilidad. Segundo, los que tienen carácter difícil de descifrar; son silenciosos y muy atentos en las cosas; saben reprimir sus deseos. Tercero, los que tienen un carácter imposible de descifrar; son los que han exterminado los deseos.

De esta manera, hay muchas formas de clasificar  las personas, pero la verdad es que el carácter de los hombres es muy difícil de entender. Solamente Buda lo entiende y enseña a los hombres según el carácter de cada uno.


III
La Vida del Hombre

1. Hay una alegoría que se refiere a la vida. Un hombre bajaba en un bote por un rio, arrastrado por la corriente. Otro le grito desde la orilla; “no bajes contento por la corriente. Rio abajo el agua está revuelta, hay remolinos peligrosos y, escondidos entre las rocas, están los cocodrilos y los demonios. No sigas bajando por la corriente que has de morir”.

En esta alegoría, la corriente del rio es la vida de los placeres; bajar alegremente es sentir apego a la vida; el rio revuelto significa la vida dominada por la ira y los sufrimientos; el remolino es el placer del deseo; las rocas en que viven los cocodrilos y los terribles demonios es la vida mundana destrozada por los pecados; el hombre de la orilla, Buda.

Hay otra alegoría. Un hombre escapó de cometer un crimen. Perseguido por la justicia encontró a su paso unas fieras de las que volvió a escapar. Y ya sin posibilidades de salvación vio bajo sus pies un viejo pozo en el que pendía una rama de glicinia. Decidió esconderse dentro del pozo y se colgó de la rama, pero vio a sus pies en el fondo una serpiente esperándole con la boca abierta. No teniendo otro remedio se quedó colgado de la rama. Empezaron a dolerle las manos y parecía que se le zafaban. Además aparecieron dos ratones, uno blanco y otro negro, que comenzaron a roer la rama.
Temía ser comido por la serpiente cuando sus manos ya no resistieran más o cuando los ratones acabaran de roer la rama. En eso, levantó la cabeza y vio que desde un panal de abejas empezaban a caer dulces gotas de miel en la boca. El hombre, olvidando su peligrosa situación, se extasiaba con la miel.

En esta alegoría, el hombre significa la soledad en que nacemos y morimos. Los perseguidores, las fieras y la serpiente son el cuerpo, origen de todos los deseos; la rama de la glicinia en el pozo es la vida del hombre, los ratones blanco y negro son los meses y los años que pasan; y las gotas de miel son las satisfacciones de los deseos mundanos.

4. Un día preguntó Yama a un pecador que cayó en el infierno después de muerto por haber actuado con maldad en la vida. “¿Cuándo tú estabas en el mundo no te encontraste con los tres angeles?” “No, mi señor, no me he encontrado”.

“Entonces dime, ¿has visto, acaso, hombres tanteando con sus bastones con la espalda encorvada por los años?” “Si, mi señor, esa clase de ancianos la he visto a menudo”. “Y tú no has reconocido en el anciano un mensajero celestial enviado para avisarte que tú también envejecerías y que tenias que hacer pronto el bien. Por eso te encuentras pagando tus pecados”.

¿No has visto algún enfermo sin poderse levantar, tan demacrado que induce a desviar la vista del que lo mira? “Sí, gran señor, estos enfermos los he visto”. “Y tú viendo el ángel dentro de esos enfermos, ¿no pensaste que tampoco eres inmune a la enfermedad? Por eso estas en este infierno. Porque no los tomaste en cuenta.”

¿No has visto, acaso, a tu alrededor, hombres muertos?, ¿y la tristeza de los hombres que lloran a los muertos? “Sí, gran señor, muertos he visto muchos en mi vida? “Y tú, viendo el ángel que advierte a los hombres sobre la fatalidad de la muerte, no pensaste en la muerte y descuidaste de hacer el bien, y por eso estás recibiendo ahora el castigo. De acuerdo a lo que hayas hecho, recibes luego el pago a ello”.


IV
La Realidad de la Vida Humana

1. Los hombres de este mundo son egoístas y no saben amar y respetar al prójimo. Además pelean por necedades y viven, trabajando sólo para ellos mismos, envueltos en el mal y el sufrimiento.

Los ricos, los pobres, los de clase alta y baja, sin diferencia, todos sufren por la riqueza. El que no tiene sufre porque no tiene, el que tiene porque tiene. Todos mantienen ocupada la mente con deseos insaciables y no tienen ni un momento de calma.

El rico, si tiene tierras se inquieta por ellas, si tiene casa se inquieta por ella. Se inquieta porque siente apego a todas las cosas existentes. Si les sucede una desgracia, si enfrentan una dificultad, si se le quema algo o le roban y se queda sin nada, sufre tanto que hasta llega a perder totalmente su tranquilidad. Además, el tiene miedo a la muerte y está preocupado en distribuir sus riquezas. En efecto él muere solo y no hay nadie que le acompañe.

El pobre sufre por la insuficiencia. Desea casa, tierras y quemándose en este deseo sin fin, termina cansado de alma y de cuerpo. Por ello sin poder continuar viviendo, hay quienes mueren sin haber completado su vida.

Parece que todo el mundo está contra él. También su largo camino hacia la muerte es solitario y sin ningún acompañante.

2. Hay cinco males en este mundo. El primero es la lucha que existe entre los hombres y hasta en los más pequeños insectos. Los fuertes atacan al débil, el débil engaña al fuerte. Todos pelean y se hieren entre sí.

El segundo mal es la falta de observación del camino correcto entre el padre y el hijo, entre los hermanos, entre los esposos, entre los parientes. Cada uno piensa sólo en sí mismo y en satisfacer sus propios deseos. Se engañan entre sí y no hay sinceridad porque la boca no dice lo que piensa la mente.

El tercer mal es la envidia y el celo que sienten todos los hombres. Todos tienen pensamientos y deseos impuros. No existen relaciones correctas entre el hombre y la mujer y por esa razón se producen disputas, peleas, injusticias y malos actos.

El cuarto mal es que los hombres se olvidan de hacer el bien entre ellos. Actúan con maldad, con mentiras, maledicencias, necedad, doblez y se ofenden entre sí. No saben respetarse y piensan que sólo ellos son los más importantes y los más grandes. No sienten remordimiento ofendiendo a otros.

El quinto mal es que los hombres desatienden su deber de hacer el bien. Olvidan los favores recibidos, no cumplen con sus obligaciones, se dejan llevar sólo por los deseos, causan molestias a los demás y llegan luego a cometer terribles pecados.

3. Los hombres deben amar y respetar al prójimo y ayudar a otros en sus dificultades, pero lo que hacen es pelear y odiarse por unos pocos intereses. No saben que por muy pequeño que sea el motivo, con el tiempo crece y se agrava la rencilla.

Las rencillas de este mundo, aunque dañan a las dos partes no llegan enseguida a la perdición. Pero el veneno queda, el odio se acrecienta, la ira marca profundas huellas en el alma, y hasta después de la muerte, hasta después de la reencarnación, sigue hiriendo.

El hombre viene a este mundo de la codicia y de la lujuria, completamente solo y muere completamente solo. Viene y se va en completa soledad. No hay quien reciba por él el castigo de la vida futura; sólo a él le toca sufrirlo.

El bien y el mal tienen pagos diferentes en la otra vida. El bien es pagado con la felicidad y el mal con el dolor según la ley de la causa y del efecto. Cada hombre debe cargar con sus pecados y seguir solo el camino decidido en pago a sus propios actos.

4. El hombre, esclavizado por los lazos del amor y del placer se enfrasca en su dolor y, a pesar del paso de los meses y los años, no logra deshacerse de su tristeza. Borracho por el deseo, se rodea de maldad, hace lo que le place, pelea con otros y no puede caminar por el sendero de la verdad. Muere antes de poder terminar su vida y sufre eternamente.

Esta conducta de los hombres está en contra de los principios de la naturaleza. Por eso trae ineludiblemente la infelicidad consigo. Los hombres tienen que sufrir en este mundo y en los que siguen.

Las cosas de esta vida son transitorias y cambian con mucha rapidez. No hay nada en lo que uno pueda confiar ni apoyarse. En estas circunstancias, indiscutiblemente, es lamentable que todos estén cautivos del placer.

5. Esta es la verdadera imagen de este mundo. Los hombres nacen en el sufrimiento y el mal es su conducta; no saben hacer el bien. Todo es para su provecho e ignoran lo que significa dar. Como consecuencia natural no pueden eludir el castigo de los sufrimientos.

El deseo mueve todas las pasiones y como resultado sigue el interminable sufrir.

El tiempo de lujo y apogeo no dura eternamente; pasa con rapidez. Entre los placeres de este mundo no hay nada eterno.

6. Los hombres deben dejar las cosas mundanas y buscar el camino cuando todavía están sanos y desear la vida eterna. ¿Qué otra felicidad y esperanza puede haber fuera de la búsqueda del camino hacia la Iluminación?

Los hombres no creen que si  actúan de acuerdo al bien, recibirán en pago el bien; si actúan de acuerdo al camino correcto lograran alcanzarlo. Tampoco creen que cuando den, recibirán la felicidad. Ignoran y no creen en todo lo concerniente al bien y al mal.

Tienen sólo ideas equivocadas. No conocen el camino, no conocen el bien, su alma está en oscuridad, no saben el por qué de la buena y la mala suerte, de la dicha y de la desgracia, se entristecen y lloran con solamente ver lo que pasa ante sus ojos.

Ya que todo es mutable, se puede suponer que ocurran cosas completamente contrarias. Sin embargo los hombres sólo saben entristecerse y sufrir por las cosas perecederas. No escuchan las Enseñanzas. El alma no piensa en el más allá, y ebria en el placer que tiene ante sí, se aferra a los deseos mundanos de la riqueza y la lujuria.

7. Es indescriptible la forma en que los hombres han venido sufriendo y penando en el mundo de la ilusión desde épocas remotas. Y aun en nuestros días, estas ilusiones no han  dejado de existir. Por eso, es una alegría muy grande para los hombres el haber escuchado las Enseñanzas de Buda y el haber podido creer en El.

Hay que meditar, alejar el mal, escoger el bien, y esforzarse diligentemente para estos fines.

Ahora que, afortunadamente, hemos podido oír las Enseñanzas, debemos creer en ellas y desear nacer en la Tierra Pura de Buda. Después de conocer a Buda, ningún hombre debe ser esclavo de los  deseos y del mal. Tampoco debe conservar esta Enseñanza para sí solo: hay que practicarla y transmitirla a los demás hombres.


Dijo Jesús

Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.  
Lucas 6.36-37

¿Por qué ustedes me llaman: "Señor, Señor", y no hacen lo que les digo? Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida. En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande".
Lucas 6.46-49

"Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe".
Lucas 7.6-7y9

No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado. Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".
Lucas 8.16-18

Cuando uno enciende una lámpara, no la esconde ni la cubre, sino que la pone sobre el candelero, para que los que entran vean la claridad. Ten cuidado que la luz que hay en ti no se oscurezca. Si todo tu cuerpo está iluminado, sin nada de sombra, tendrá tanta luz como cuando la lámpara te ilumina con sus rayos".
Lucas 11.33-36

Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida". Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?". Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".
Lucas 12.16-21