Yo no he venido a abolir, dice Jesús

Cuando Jesús enseño en este suelo santo lo hizo para entregarnos la verdad que debiéramos descubrir por nosotros mismos, ha venido a iluminar.

Jesús no vino a crear una nueva religión, y lo deja muy claro cuando dice que “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” Mt 5, 17-19. Jesús hace una declaración de mucha importancia para el cristianismo, en la que fija su actitud doctrinal frente al judaísmo.

Jesús proclama que no vino a abolir la Ley y los Profetas, las dos secciones principales de la Biblia. El sentido del verbo usado es claro: destruir, desatar, abrogar. Por el contrario, Cristo vino a llenarla, a cumplir y perfeccionar; cumplir la Ley con las obras, y llevar lo imperfecto a lo perfecto, Jesús no viene a destruir la ley, pero tampoco viene a consagrarla como algo que no se puede tocar, al contrario viene a darle con su enseñanza y su actitud, una nueva forma, más definitiva, en la cual ahora se realiza en plenitud aquello hacia donde la ley conducía.

La afirmación de Cristo abarca a todo el Antiguo Testamento. Por eso hay aquí dos cuestiones a precisar, considerando el amor en el que se resumía la ley antigua, pasará a ser un mandamiento nuevo de Jesús, (Juan 13; 34), y cumple toda la ley.
Jesús no vino a anular los valores normativos del Antiguo Testamento, sino que hacer posible su total efectividad y realización en la novedad del Evangelio.

Al verbo Cumplir o perfeccionar aquí le corresponde el sentido de “perfeccionar”. Se ve esto porque Jesús cumple con su práctica muchas cosas del Antiguo Testamento, pero las perfecciona con su doctrina al interpretar el sentido recto de muchas cosas del Antiguo Testamento deformadas por la manipulación farisaica y añade otras muchas como la nueva revelación, la Buena Nueva, lo mismo que por el espíritu evangélico que ha de informarla.

Jesús perfecciona la Ley del Antiguo Testamento, al interpretar el verdadero sentido de sus prescripciones deformadas y al añadir nuevas enseñanzas, revelaciones, prescripciones. La Ley de Moisés y la evangélica no son opuestas, son una sola, es la Ley de Dios a los hombres, eso si, en dos etapas, entonces la segunda es complemento y perfeccionamiento de la primera.

Jesús dice: “Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. “
Jesús introduce la fórmula con un amén. El significado judío de esta palabra y su finalidad era unirse, mediante ella, con deseo de aprobación a lo dicho por otros, pero en boca de Jesús cobra un sentido único, desconocido aún por los rabinos, y con el que garantiza enfáticamente la verdad de lo que dice.

Antes que desaparezcan el cielo y la tierra, es el término con que se expresa el fin de la era y, por tanto, se expresa también con ello la duración de una cosa o la firmeza de la misma.

El que no cumpla, o el que quebrantase o, por el contexto, mejor, descuidase cumplir uno de estos preceptos pequeños o mínimos y además enseñase así a los hombres, será el menor en el reino de los cielos, es decir no esta excluido de él. Y la contraposición se hace con los preceptos grandes y su premio correspondiente. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Cielo.

Precisamente grande y pequeño son los términos usados frecuentemente para significar la diversa suerte de las personas en el futuro reino mesiánico, en otras palabras es como usar los términos de preceptos graves y leves. Jesús se refiera a que esto se le aplicará a todos por igual, sin embargo, la frase el que enseñe a los otros a hacer lo mismo era dirigido a apóstoles y discípulos.

Así es, como Jesús nos afirmo que la Ley la deberemos cumplir en todos sus aspectos, hasta en los mas insignificantes preceptos, solo así llegaremos a ser “grande” en el Reino de los Cielos. Entonces, la perfección evangélica, consistirá en la observancia de los Evangelios, un modo de hacerlo, es cumplir hasta en sus más pequeñísimos detalles, con gran cuidado, con un gran espíritu de amor, con aceptación y entrega a la voluntad del Padre.

¿cumplimos todo lo que Jesucristo nos ha enseñado como norma de vida?. También es bueno preguntarse, ¿sino cumplimos, aparte de no cumplir, estamos enseñando o incentivando a otros a no cumplir?

Ser cristiano, tener fe en el camino del Cristo, se resume en ser incondicional a las enseñanzas de Jesús, es decir, esforzarte para ser como Jesús nos ha enseñado, y trabajar por la justicia, la paz, el amor, el servicio, el amor al otro, ser solidario y la inclinación natural por hacer el bien en todos los sentidos y aspectos de nuestra vida. Jesús nos enseñó a ser sobretodo, libres, a buscar al Padre Celestial y comunicarse con EL, sin ego y sin los mercaderes de su palabra.

No basta con ir a misa o decirse soy de tal religión. Hoy “los golpes de pecho no sirven”.

Paz y Bien en tu vida.
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